¿Has llegado a probar que tan sencillo te resultaba el reto?

Lo digo por la última entrada de la semana pasada. Si lo has hecho y no te ha costado nada, enhorabuena. No digo que sea una prueba definitiva respecto a tu estado de serenidad pero, al menos, no indica nada malo respecto a él. Si por el contrario has probado y no has conseguido completar los quince minutos o has experimentado algún tipo de sensación desagradable durante ellos, no te diría que te preocupases demasiado, porque es relativamente habitual, pero te aconsejaría que lo tomases en cuenta para ir pensando en que puede ocurrirte que ocasione ese sensación de malestar ante algo tan sencillo. De la misma manera que te realizan una prueba médica para establecer cual es tu estad de salud, hay algunas otras que son sencillas y que también pueden darte alguna medida de tu otra salud: la mental. No son habituales en reconocimientos médicos y sin embargo por lo visto deberían empezar a serlo. Si te preguntan por tus hábitos nutricionales ¿porqué no lo hacen también sobre los mentales? Todo esto viene a cuento porque me sorprendo ante la creciente popularidad de los contenidos sobre autoayuda, etc. que aparecen por doquier: dominicales, televisión… y que me parece que obvian algo que resulta fundamental: se debe tomar conciencia acerca de uno mismo y sus emociones para conocerse. Y entender que son algo a lo que se debe prestar atención, que debemos escuchar. ¿Por donde empezar? Pues puedes prestar atención a cosas sencillas. Por ejemplo: no dormir o hacerlo inquietamente no es normal por mucho que puedas haberte acostumbrado a ello. No sentirse sereno cuando tienes que adoptar una actitud contemplativa frente algo, tampoco. Si ocurre algo en ese sentido probablemente es porque en vuestra cabeza pensáis en algo que da lugar a la situación. Pues ya tenéis un dato más. Seguid tirando del hilo y la solución no andará muy lejos. De verdad, no puede salir nada bueno de alguien que no se siente relajado y tranquilo. Pero oye, tu veras.