Si miras fijamente la realidad, verás los píxeles

No lo utilizo demasiado, pero como mucha gente, estoy en facebook y tengo la aplicación instalada en el teléfono. Los que no estáis, quizás no sepáis que una de las cosas que te muestra es un listado de personas que podrías conocer y que no pertenecen a tu red social. Esa lista va cambiando conforme facebook va aprendiendo cosas acerca de ti, de tus gustos, aficiones, de las personas con las que te relacionas, de las personas con las que se relacionan ellos y de sus propios gustos y aficiones. Pues hará un par de semanas apareció en ella alguien con quien coincidí brevemente en mis últimos meses en lo de las piedras de colores. Solo sabía de él desde entonces que ahora trabajaba en otra parte, así que le envié un mensaje para ver que tal estaba y me contestó casi de inmediato. Hablamos un rato de ello, de mi y de si sabía algo de algunas personas que conocemos en común. Está tarde, cuando corría, no se porqué -tendríais que ver la de cosas que se me pueden pasar por la cabeza haciendo eso- , me acordé de la conversación y, no exactamente por nada que dijese ninguno de los dos, sino por las cosas de las que estábamos hablando, empecé a tratar de hacer memoria sobre cuando me dí cuenta de que las cosas parecen tanto más perfectas cuando menos las conocemos. Y de cuando me dí cuenta de que pensar o decir eso, suponía realmente acariciar sin mancharse la verdadera realidad: cada uno nos hacemos una idea acerca de las cosas, y cuando esta cambia, probablemente lo haga porque empezamos a verlas como han sido todo el tiempo. Ni más, ni menos. No hay otro principio ni fin distinto para este asunto que tenga que ver con nadie que no sea nosotros mismos. No te pido que me creas, pero por lo menos, antes de quitarme la razón, trata de mirar fijamente la realidad. Seguro que verás los píxeles. Algo es algo.

Miedo

Esta mañana estaba a punto de levantarme cuando recibí un whatsapp:

XX.- “Si XY descubre el blog, le robaras de repente cinco años de vida… lo sabes ¿no?”

“XX” es alguien a quien conocí cuando trabajé en lo de las piedras de colores. El caso es que ya tenía alguna que otra idea para la entrada de hoy, pero con el intercambio de mensajes he llegado a la conclusión de que toca hablar del miedo. Y es que, o yo me lo invento, o en lo de las piedras de colores la gente siente miedo. A ver, que no es que no sepa que miedo también se pasa en otros trabajos ¿vale?, pero es que en esos casi como que te lo esperas: “… es que trabajo en el tren de la bruja”. Normal, oyes. Trabajo yo allí y es ver una escoba y tener que mudarme la ropa interior. Pero digo yo, que trabajar en un sitio donde no tienes nada más que hacer que ver como entran y como salen las piedras de colores da para vivir más relajadamente ¿no? Y diréis ¿pero miedo de qué? ¿se esconden detrás de las esquinas y te dan susto cuando pasas? Ya podían. Al margen del miedo que da ver que en lo de las piedras de colores trabajan algunos que no sirven ni para ir a ver si llueve, el miedo allí es cultural. Si no estuviera tan asumido y se hubiese incluido entre los valores de la empresa cuando se enunciaron, probablemente hubieran roto la pana renovando un reconocimiento. Ya lo estoy viendo: “… a ver, a ver ¿se tiene evidencia de actitudes y comportamientos coherentes con los valores corporativos de la empresa?… Muy bien, si señor, solo por esto os doy los 1000 puntacos. Ya pueden guardarse los calzoncillos. Y por favor… que alguien habrá una ventana.”.

Claro, diréis: no lo pillo ¿ya está? ¿donde se esconde el asesino? Es la gracia del asunto. En esa sala no está ni se le espera. Si tiras del hilo y hablas con los más viejos del lugar, puede que te cuenten que hubo uno tiempo atrás. Viva y bravo. Dejó un bonito legado. De ahí en adelante nos lo curramos nosotros. En las empresas, existe una inercia que conduce a que nos comportemos de manera que eso que es cotidiano continúe siéndolo sin cambiar. Sin tan siquiera reparar en ello. Esa es la cultura de la empresa. El de arriba contribuye de una manera y el de abajo de otra. Pensadlo bien.

¿Lo dejas aquí? ¿No nos vas a decir que tienes la solución para liberar a los que trabajan en lo de las piedras de colores de ese sufrimiento irracional? No, pequeños míos. Pero os puedo decir cuando pasará: cuando la historia del asesino que instauró un reinado de terror sea reescrita por un rey que instaure un reinado de amor.

La verdad, es que una vez que escribes sobre algo no parece que sea para tanto ¿por qué no pruebas? ¿o es que te da miedo?