Back to the roots. Quinta y última parte.

Port Olimpic, Barcelona, Spain © Mihai-Bogdan Lazar - Fotolia.com
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Enlace al cuarto episodio de “Back to the roots

Es una noche de invierno y estás conduciendo tu deportivo por una carretera solitaria bajo una lluvia torrencial. Llegas a un cruce en el que hay una señal de stop y, al detenerte, puedes ver a tres personas tiritando que esperan un autobús refugiados en una marquesina a la que le falta el techo:

  1. Una anciana que parece a punto de morir.
  2. Un viejo amigo que te salvó la vida una vez.
  3. La persona, hombre o mujer según corresponda, de tus sueños.

Decides ayudar ¿a cuál llevarías, teniendo en cuenta que sólo tienes sitio para uno de ellos en el coche?

Comencé esta saga contándoos que había encontrado un documento con notas que de alguna manera representaba el final de un viaje y un regreso a los inicios. Esas notas recogían un argumentario relativo a un cambio de metodología para solucionar un problema que existía en lo de las piedras de colores. Lo que no os conté, es que al lado, estaban otras que había escrito diez años atrás durante la etapa de Barcelona cuando me enfrenté por primera vez con ese tipo de problema. Estaban ahí porque las había encontrado por casualidad justo cuando terminé de escribir las segundas. En esencia, argumentaban lo mismo. Así que de alguna manera, diez años después, con ese documento, regresaba a los inicios.

Ahora, dime si tu respuesta ha sido esta:

“Le daría las llaves del coche a mi amigo y le pediría que llevara a la anciana al hospital mientras yo me quedo esperando el autobús con la mujer de mis sueños”.

Hace diez años no fue la que tomé. Si no le has dado las llaves a tu amigo, te has inventado algún tipo de premisa al igual que hice yo. No existe ninguna en el supuesto. Vuelve a leerlo sino.

Las nuevas notas, supusieron un paso atrás, pero también la oportunidad de tomar otra decisión. Es uno de esos momentos en los que tienes lo que los ingleses denominan un insight, una revelación. No las utilice y supuso lo más parecido a estar parado de nuevo en ese cruce, ver a las personas y, de repente, entender el patrón.  Y entonces, bajarse del coche, darle las llaves al amigo y quedarse con la chica. Eso reescribe todo lo que viene a continuación.

Identifica esa premisa. Es tu falsa restricción.

Back to the roots. Cuarta parte.

Port Olimpic, Barcelona, Spain © Mihai-Bogdan Lazar - Fotolia.com
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Enlace al tercer episodio de “Back to the roots

En aquel Departamento de Calidad tuve mi primera toma de contacto, al margen del mundo académico, con el sistema de gestión de la calidad ISO y el Modelo EFQM. Tengo tan buen recuerdo de entonces y de las personas con las que trabajé, como conciencia actual de lo inútil de este tipo de trabajo.

En las empresas, existen áreas que aparecen y desaparecen y se dotan de mayor o menor estructura, presupuesto, etc. en función de si se desea favorecer a una persona o lo contrario. Tienen una importancia real para la organización: cero. Cuando estamos frente a este supuesto, la designación de la persona a dirigir la función, la estructura de que se le dota -a la persona, no a la actividad-, el presupuesto, etc. son, independientemente de virtudes o carencias, meras anécdotas de la actividad de la que hablemos. Ese era el caso en Barcelona, y es, matices a parte, uno de tantos casos.

No debe haber sistema, modelo, etc. que no mencione el compromiso de la dirección como primer requisito necesario para su éxito. Lo perverso suele ser lo que hacemos en algún momento de la profesión con ese requisito o como lo interpretamos quienes hemos tenido alguna responsabilidad al respecto. En nuestro descargo, ambas cosas quizás sean una mera autoprotección frente a la esquizofrenia, esa que podría provocar trabajar de manera profesional en algo sin ningún sentido sabiendo todo el tiempo que vivirá sucesivos fracasos. Esto, que puede sonar fatalista, en realidad no lo es. Salvando las distancias, la situación es parecida a la que enfrentan los profesionales de la medicina: ¿cómo podrían trabajar caso tras caso si solo pensasen en la muerte inevitable y continua de todos los pacientes? Creo que todos estaremos de acuerdo en que ser conscientes de ello y seguir trabajando es un signo de experiencia y conocimiento profundo de su profesión ¿no? Pues lo mismo podría decirse de nosotros. Lo único que falla en el asunto, es que establecer este o cualquier otro paralelismo, forma parte de la perversión que mencioné. Porque nosotros no somos médicos.

Familiarmente, el recorrido a lo largo del tiempo con sistemas o modelos se simboliza mediante el dibujo de un camino. Andarlo produce efectos en algunos, la mayoría del tiempo sin que ello los suponga en los demás. En mi caso no ha sido distinto. Lo que hoy son para mi no se parece en nada a lo que fueron diez años atrás. Antes hablaba de ellos. Ahora es raro que los mencione. Y si lo hago, no es en el mismo contexto ni para las mismas cosas. De hecho, me molesta oír hablar de ellos. Cuando se entienden no es necesario. Creo que están ahí para ayudar a todos y para ser superados en un momento dado. No saberlo al principio y llegar a entenderlo después es parte de ese camino. He dejado de perseguir victorias pírricas, los logros parciales. No me “mueven” promesas, posibles avances, reconocimientos o puntuaciones. Lo he entendido todo.

Back to the roots. Tercera parte.

Port Olimpic, Barcelona, Spain © Mihai-Bogdan Lazar - Fotolia.com
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Enlace al segundo episodio de “Back to the roots

De la noche a la mañana pasé a convertirme en alguien por el que todos estaban dispuestos a luchar. Con navajas si era preciso. El Departamento de Calidad era el único que tenía dinero para poder pagarme, pero como estaba adscrito a un Área, mi tutor se agarraba a eso para conservarme como recurso también. A mí me contaron la conversación que tuvo con mi futuro Director tal que así:

XX.- “… que digo yo, que si eres el único que tiene dinero para poder pagar a Eduardo los demás no tenemos la culpa y que quiero que trabaje también para mí. Que para eso lo he traído yo.”
XY.- “Si por mis cojones.”

El resto a partir de ahí parece ser que lo conoce cualquiera que estuviese en un radio de veinte kilómetros a la redonda, que básicamente es hasta donde me dijeron que pudieron oírse las amenazas con matarse en agosto que iban vertiendo el uno hacía el otro. Lo que si se perdieron los que no estaban allí, por lo visto, fue la demostración in situ -patadas y puñetazos al aire incluidos- de un supuesto dominio de artes marciales por parte de uno de ellos cuando gritaba “QUE TU NO ME CONOCES Y ESTOY MUY LOCO!!!” y que era contestada por el otro rasgándose la camisa con una mano mientras que sujetaba un abrecartas en la otra gritando a su vez no sé qué de unos familiares gitanos ¿reconfortante para el ego? Quizás en ese momento. Pero como un día entenderéis cuando escriba “La vida es de ida y vuelta”, con consecuencias en el futuro. Total, que visto el jaleo parece ser que intervino el propio Jefe del Área. Los llamó a su despacho y les dijo que si yo iba a ser un motivo de conflicto no se me contrataba y punto, a lo que mi tutor respondió, lacónicamente, que yo no tenía la culpa y que eso no iba a ocurrir. Probablemente ese fue el instante en que mi futuro Director perdió todo su interés en mi. Bueno no, rectifico, decidió que seguiría adelante pero evitando a toda costa que me moviera de mi sitio. Viva y bravo. Tenía el contrato!!! Y cero posibilidades de desarrollo profesional!!! -ejem, esta es una de las cosas no entendidas en su momento y que van implícitas en el título del blog-.

Back to the roots. Segunda parte.

Port Olimpic, Barcelona, Spain © Mihai-Bogdan Lazar - Fotolia.com
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Enlace al primer episodio de “Back to the roots

El cometido de nuestras prácticas en Barcelona era bastante simple: redactar una guía de usuario de un determinado servicio. Sin embargo, me dio por decidí apostar desde el primer día por la misma idiotez estrategia a la que hasta la fecha había confiado todos mis resultados. Esa estrategia constituye uno de mis supersecretos, pero ya que estoy escribiendo sobre esto, creo que merece la pena compartirla con vosotros. Yo la llamo “la idiotez estrategia de trabajar como si no hubiera mañana aunque pueda parecer en balde”. El caso es que por put alguna casualidad, en ese momento, contra todo pronóstico, funcionó. Os cuento: la última clase del máster la dio alguien que por esas cosas de la vida fue años después mi jefe. Justo al terminar, me acerqué a él para consultarle su opinión acerca de Barcelona como destino de mis prácticas y me lo desaconsejó -ese instante da por si solo para escribir una entrada completa, pero merece la pena decir aunque sea cuanto sufrimiento nos hubiéramos ahorrado en el futuro el uno al otro si en aquel momento nos hubiéramos prestado un mínimo de atención-. Era por cuestiones de plantilla sobredimensionada, etc. Objetivamente él tenía razón. Salvo que tuviese lugar un giro inesperado del destino, una vez agotados los seis meses de prácticas tendría que buscar trabajo porque allí no me iban a contratar. Confieso que un atisbo de duda cruzó en ese momento mi cabeza pero ¿cómo podía pensar tan siquiera en no ir despreciando el papel que me había anticipado Antoñita? Yo era el rellenador!!! ¿acaso me creéis capaz de algo así? ¿qué tipo de animal desagradecido pensáis que soy? Pues bien, como os decía, esta vez mi idiotez estrategia, sirvió para que pudiese tener lugar ese giro del destino.

Nuestro tutor había planeado una jornada temática dedicada a los usuarios del servicio al que iba dedicada la guía para quince días después de comenzar las prácticas. Por aquel entonces Internet no era lo que es ahora. Tenéis que pensar que todo aquello tuvo lugar prácticamente a finales del cretácico superior. Recuerdo exactamente el periodo porque el primer día de prácticas tuve que apartar un dinosaurio con mis propias manos para entrar en el edificio y yo no soy tan mayor (aún quedaban, solistos, mirarlo en wikipedia sino). Después me enteré que se llamaba Rafael y que trabajaba allí. Al lío. En aquel periodo el lugar trabajaba con las últimas tecnologías y de acuerdo con ello me encontré con una página estática para darle cierta publicidad al evento hecha en Dreamweaver por un externo. A mi tutor esas cosas le volvían loco -literalmente- y yo, por aquel entonces, comenzaba a saber lo mínimo, lo cual extrañamente me colocaba a unos cien años luz por delante de eso que habían hecho, para desconcierto de todos. Yo mismo incluido. Tengo que aclarar, que saber de eso no tenía nada que ver con mis estudios, con el máster o con el sector en que hacía las prácticas, pero constituía, junto con otras cosas, un pilar fundamental para estar siempre en condiciones de actuar conforme a “la idiotez estrategia de trabajar como si no hubiera mañana aunque pueda parecer en balde”. La jornada tenía reservada una sala con capacidad para unas veinte personas -no se esperaban más por experiencias anteriores-. Pero doce horas de trabajo diarias desde el primer día que pisé el edificio de oficinas resultaron en un acto para unas 400 que se tuvo que celebrar en el auditorio del World Trade Center de la ciudad. Un día hablaré en detalle sobre talento, habilidades y esfuerzo. El viernes dejé que Luzu lo hiciera por mi, pero cosas como aquella, fuera de bromas, demuestran las posibilidades del mensaje.

A estas alturas quizás alguno os preguntéis por Antoñita. No sufráis. Llegó fantástica y así continuó. Quince días aproximadamente. Hasta que se celebró la jornada. La tarde anterior mi tutor me dijo que me tomase las cosas con calma el día “J” y apareciese por allí a media mañana. A ella sin embargo la iría a recoger personalmente para estar con él desde primera hora. Antoñita estaba exultante. Me había estado explicando desde el primer día lo fantástico que era todo intentando evitando por todos los medios posibles que me sintiese mal al comparar mi situación con la que a ella le tocaba vivir. Cuando llegué a recoger la acreditación y la vi, no os mentiré, tuve que reunir fuerzas para no caer al suelo de rodillas y gritar “¿Por qué Dios? ¿Por qué no yo?” Ante mis ojos, tenía que ver como todo el mundo se dirigía como poseído al lugar donde ella se encontraba… pasaban a mi lado, todas esas personas, ignorando por completo mi presencia como si el lugar irradiase para ellos un extraño magnetismo. Resignado a mi papel, hice lo que pude por mantener la mirada cuando recogía de sus manos la ficha del guardarropa. Pero no sufráis por mi tampoco. Tardé, pero pude superarlo. Si queréis detalles, lo que viene a ser desde que la vi hasta que me giré para entrar en el auditorio. Dos semanas después, era Antoñita la que comenzaba a llegar a mitad de mañana al trabajo. Algo bastante raro porque ya no se celebraba ninguna jornada. Un mes después uno de los Departamentos me preguntó si tendría interés en trabajar con ellos cuando terminasen mis prácticas. Era el Departamento de Calidad.

Creo que necesito escribir

A ver: escribir es algo que siempre he tenido pendiente. Pero no lo necesitaba. Y me da que tiene que ver con algo bastante simple: nunca he tenido nada que contar. Y eso que el dominio debe tener la friolera de diez añitos o más, que tampoco me apetece comprobarlo. Viene de un tiempo en que estaba estudiando y nadie tenía página Web. Escribí dos o tres artículos, incluí una página con el curriculum, un apartado de enlaces -para rellenar- y un formulario de contacto. Fue todo lo que hubo durante años. Hará ¿cinco? eliminé todo el contenido para instalar WordPress. Ha dormido el sueño de los justos hasta hoy. Al lío: me llamo Eduardo y tengo treinta nueve años. A partir de hoy, en este blog hablaré sobre las cosas que comprendí antes de llegar a cumplir los cuarenta.