De cosas importantes que tengan que ver contigo, ocúpate tu mismo

¿A alguno le ha ido bien cuando ha confiado ese tipo de asuntos a otra persona? A mi, si ¿ein? No, no me equivocado ni en el título de la entrada ni en la respuesta a la pregunta anterior. Siempre, y digo siempre, que he confiado algo que era importante para mi a un tercero, he tenido el resultado que cabía esperar. En todos los casos. Me explicaré: me ha ido bien con las personas con las que era previsible que así fuese y mal con las restantes. Y visto con perspectiva, como esa segunda posibilidad estaba más que cantada, el resultado es igual de correcto desde el punto de vista matemático. Por mucho que yo me haya empeñado en engañarme esperando lo contrario. Y mira que en esos segundos casos le he puesto ilusión al autoengaño, eh. Vamos, como que he experimentado a tope todo lo ha venido después… cuando la pérfida y fria calculadora mostraba un cuatro después de sumar dos y dos en vez del cinco que quería: me he cabreado, me he sentido decepcionado, he llorado… Y yo solito, sin ayuda, como un campeón, que pa eso era muy apañao pa lo que me daba la gana.

Nos empeñamos una y otra vez en ver las cosas no como son, sino como nos gustaría que fuesen. Nos inventamos una realidad, distorsionamos los hechos, lo que haga falta para evitar tener que responsabilizarnos de nuestra vida y pasar a tomar decisiones. Y vale, te libras inicialmente de esa responsabilidad, pero ¿y de los resultados posteriores? Pelín miope ¿no? Si es que además hay casos que son como de libro!!! Ese, en el que fulanito que nunca se ofrece a nada, va de repente y dice que se encarga de lo tuyo. Pero hombre por dios!!! ¿es que no lo ves? Ocúpate tu mismo!!! Da igual lo que sea!!! Como si es de vaciar una fosa séptica. Con una cucharilla de postre. Sin guantes. En pelota picá cogido por los pies por el mismo que se ofrece. Da igual. Te irá mejor, te lo aseguro.

En fin, algo que he comprendido cumplidos los treinta -vale, por los pelos, ¿y qué?, te he ganado ¿o no?-.

Miedo

Esta mañana estaba a punto de levantarme cuando recibí un whatsapp:

XX.- “Si XY descubre el blog, le robaras de repente cinco años de vida… lo sabes ¿no?”

“XX” es alguien a quien conocí cuando trabajé en lo de las piedras de colores. El caso es que ya tenía alguna que otra idea para la entrada de hoy, pero con el intercambio de mensajes he llegado a la conclusión de que toca hablar del miedo. Y es que, o yo me lo invento, o en lo de las piedras de colores la gente siente miedo. A ver, que no es que no sepa que miedo también se pasa en otros trabajos ¿vale?, pero es que en esos casi como que te lo esperas: “… es que trabajo en el tren de la bruja”. Normal, oyes. Trabajo yo allí y es ver una escoba y tener que mudarme la ropa interior. Pero digo yo, que trabajar en un sitio donde no tienes nada más que hacer que ver como entran y como salen las piedras de colores da para vivir más relajadamente ¿no? Y diréis ¿pero miedo de qué? ¿se esconden detrás de las esquinas y te dan susto cuando pasas? Ya podían. Al margen del miedo que da ver que en lo de las piedras de colores trabajan algunos que no sirven ni para ir a ver si llueve, el miedo allí es cultural. Si no estuviera tan asumido y se hubiese incluido entre los valores de la empresa cuando se enunciaron, probablemente hubieran roto la pana renovando un reconocimiento. Ya lo estoy viendo: “… a ver, a ver ¿se tiene evidencia de actitudes y comportamientos coherentes con los valores corporativos de la empresa?… Muy bien, si señor, solo por esto os doy los 1000 puntacos. Ya pueden guardarse los calzoncillos. Y por favor… que alguien habrá una ventana.”.

Claro, diréis: no lo pillo ¿ya está? ¿donde se esconde el asesino? Es la gracia del asunto. En esa sala no está ni se le espera. Si tiras del hilo y hablas con los más viejos del lugar, puede que te cuenten que hubo uno tiempo atrás. Viva y bravo. Dejó un bonito legado. De ahí en adelante nos lo curramos nosotros. En las empresas, existe una inercia que conduce a que nos comportemos de manera que eso que es cotidiano continúe siéndolo sin cambiar. Sin tan siquiera reparar en ello. Esa es la cultura de la empresa. El de arriba contribuye de una manera y el de abajo de otra. Pensadlo bien.

¿Lo dejas aquí? ¿No nos vas a decir que tienes la solución para liberar a los que trabajan en lo de las piedras de colores de ese sufrimiento irracional? No, pequeños míos. Pero os puedo decir cuando pasará: cuando la historia del asesino que instauró un reinado de terror sea reescrita por un rey que instaure un reinado de amor.

La verdad, es que una vez que escribes sobre algo no parece que sea para tanto ¿por qué no pruebas? ¿o es que te da miedo?