Up in the Air

Hoy he estado por la tarde con alguien que hacía tiempo que no veía. Es la primera “ella” de esta entrada. En un sentido, que sigamos manteniendo relación como de algún modo también la tengo con más personas de aquella etapa supone un cambio con respecto a lo que solía ¿hacer? ¿sucederme? anteriormente. No sé si habéis visto la película. En ella George Clooney da una serie de conferencias en las que utiliza una metáfora que lo describe bastante bien:

¿Cuánto pesan sus vidas? Imaginen por un segundo que llevan una mochila. Quiero que la llenen con todas las cosas que hay en su vida. Empiecen con las cosas pequeñas, las cosas de los estantes, cajones… Luego las cosas más grandes. Ropa, electrodomésticos, lámpara, televisor de plasma… La mochila comienza a pesar. Sofá, coche, casa… Quiero que lo metan todo en la mochila. Ahora quiero que la llenen con gente. Empiecen por con conocidos casuales, amigos de amigos, gente de la oficina, y luego pasen lentamente a la gente a quienes confían sus más íntimos secretos, hermanos, hermanas, hijos, padres y finalmente esposo, esposa, novio o novia. Métanlos todos en la mochila. Sienten el peso de esta mochila. No se equivoquen, las relaciones son el mayor peso de su vida. Ahora intenten andar. Notarán como el peso nos impide andar deprisa. Mientras más lento nos movemos, más rápido morimos. No se equivoquen, moverse es vivir.

Pues digamos que actuaba de manera coherente con lo que se puede esperar de alguien que también piensa así. Creo que a era a Belén a la que le decía o me decía ella –ya no consigo recordarlo- que era un asocial perfectamente integrado. Siempre he dicho que no es que la gente me guste especialmente, la verdad, pero nunca he tenido demasiada dificultad para trabar relación con otras personas… o mejor dicho, para descubrirme pensando un buen día que la había trabado aunque me dijese que no lo iba a hacer. Así que si coges un poquito de eso y lo mezclas con cierta fobia al compromiso obtienes como resultado el que agradeciese de tanto en tanto vaciar mi mochila aunque volviese a llenarla después. Ahora, sin embargo, no me ocurre. Como todo, verlo de una manera o de otra se que depende solamente de mi y, será por algo bueno, pues resulta que ya no lo veo así. Por un lado está bien porque supone haber roto un patrón bastante arraigado y eso no suele ser nunca para caer en otro peor. Pero es que además supone también poder disfrutar de algo que por lo visto puede que me haya perdido en algunos casos. Eso que viene después, a continuación del momento en que todo había terminado. Un tiempo en el que además podemos cambiar lo que queramos para poder ser otra cosa distinta, pero con esas mismas personas. Porque cambian tantas cosas que resulta posible que podamos hacerlo sin que nadie se moleste por ello.