Tranqui murió cagando

Es lo primero que dijo Miki ayer después de leer un correo que me había enviado un cliente. Tal cual. Y ya no había más que decir. A mi me parece un superpoder.

Miki es para mi lo que Bubba para Forrest en la película. Miki es mi más mejor amigo. Treinta y tres años de pasado a nuestras espaldas pueden atestiguarlo. Somos tan amigos que me ha hecho prometerle que no dejaré que sufra innecesariamente si algún día cae enfermo -a veces dice que se arrepiente de ello. Cuando estornuda por ejemplo, y ve que ya tengo una piedra en la mano. Je, je. Hay que ver lo nervioso que se pone el joio. Y como grita: TODAVIA NO, TODAVIA NO!!!. Dice que se refería a otra cosa. Pero esa es otra historia-. Ya iréis oyendo hablar de él.

Habíamos ido en moto hasta Villamanín, estábamos tomando algo en el Ezequiel -no tiene perdida-, y me preguntó por este blog. Hace tiempo debí enlazarlo con facebook de manera que estas entradas están apareciendo allí publicadas de manera automática y había leído las primeras. Le conté que era algo a lo que había estado dándole vueltas y que simplemente me había decidido. También me preguntó sobre si el blog iba a ser para hablar sobre cosas o alguien en concreto. Le conteste que no, que habría un poco de todo. Cosas, que como dice el título he comprendido antes de llegar a los cuarenta y algunas otras de las que me apetezca hablar sobre la marcha. Temas variados vamos: alguna cosa personal, de mi trabajo actual, sobre la gestión de empresas, etc. Y entonces se acordó. Se acordó y me preguntó por como iba lo de un cliente del que le hablo porque no me paga. Da la casualidad de que el viernes pasado había mandado un correo a ese cliente en el que le decía que iba a coger dos piedras y machacarle las… Miki debía estar escuchándome a medias, pero mira tu que cosas, reacciono inmediatamente a la palabra “piedras”. Fue oirla y acuclillarse en una esquina cubriéndose la cabeza mientras que gritaba: TODAVIA NO, TODAVIA NO!!!. Debe de ser cosa de que las asocia con algo. Bueno, que me disperso. Pues que eso, que le había escrito al cliente y que este me había contestado con otro correo que le enseñé y donde después de una explicación ponía “Tranqui…”. Fin de la cita.

El cliente en cuestión no es una empresa privada -hasta ahí voy a leer-. Cuando emprendes un negocio, salvo que estés vendiendo al contado, debes anticipar que existirá tiempo entre el momento en el que entregues algo y el momento en que vayas a cobrarlo. Debes anticiparlo independientemente de que hayas redactado o no un Plan de Negocio propiamente dicho. Porque de la misma manera que nunca se cumplen otras previsiones -para mejor o para peor- tienes que saber que las que tienen que ver con eso tampoco se cumplirán. Ya iremos hablando también sobre estos flujos, la liquidez y como tratar de minimizar las tensiones adoptando diferentes estrategias.

Miki es un gran profesional de lo suyo. Y entre otras muchas cosas esa jamas la pierde de vista. Y se pone malo cuando le cuento que en lo público se mantiene una relación raruna con el dinero: las cantidades les dan más o menos igual -terrorífico- y el resto, que es crítico en el mundo real, les es ajeno hasta extremos inimaginables si no has trabajado allí. Entendedme bien: esto no es necesariamente un problema si cuentas con ello. Es consustancial a su manera de trabajar y vale más que lo comprendas si quieres operar con clientes de ese sector.

Al final del correo el cliente me decía que el lunes tendría la transferencia. Allá vosotros. No será porque no os avisamos. Si es muy simple hombre, solo tenéis que leer los correos. Ah! Y ya habéis oído lo que opinamos de los vuestros.

De cosas importantes que tengan que ver contigo, ocúpate tu mismo

¿A alguno le ha ido bien cuando ha confiado ese tipo de asuntos a otra persona? A mi, si ¿ein? No, no me equivocado ni en el título de la entrada ni en la respuesta a la pregunta anterior. Siempre, y digo siempre, que he confiado algo que era importante para mi a un tercero, he tenido el resultado que cabía esperar. En todos los casos. Me explicaré: me ha ido bien con las personas con las que era previsible que así fuese y mal con las restantes. Y visto con perspectiva, como esa segunda posibilidad estaba más que cantada, el resultado es igual de correcto desde el punto de vista matemático. Por mucho que yo me haya empeñado en engañarme esperando lo contrario. Y mira que en esos segundos casos le he puesto ilusión al autoengaño, eh. Vamos, como que he experimentado a tope todo lo ha venido después… cuando la pérfida y fria calculadora mostraba un cuatro después de sumar dos y dos en vez del cinco que quería: me he cabreado, me he sentido decepcionado, he llorado… Y yo solito, sin ayuda, como un campeón, que pa eso era muy apañao pa lo que me daba la gana.

Nos empeñamos una y otra vez en ver las cosas no como son, sino como nos gustaría que fuesen. Nos inventamos una realidad, distorsionamos los hechos, lo que haga falta para evitar tener que responsabilizarnos de nuestra vida y pasar a tomar decisiones. Y vale, te libras inicialmente de esa responsabilidad, pero ¿y de los resultados posteriores? Pelín miope ¿no? Si es que además hay casos que son como de libro!!! Ese, en el que fulanito que nunca se ofrece a nada, va de repente y dice que se encarga de lo tuyo. Pero hombre por dios!!! ¿es que no lo ves? Ocúpate tu mismo!!! Da igual lo que sea!!! Como si es de vaciar una fosa séptica. Con una cucharilla de postre. Sin guantes. En pelota picá cogido por los pies por el mismo que se ofrece. Da igual. Te irá mejor, te lo aseguro.

En fin, algo que he comprendido cumplidos los treinta -vale, por los pelos, ¿y qué?, te he ganado ¿o no?-.

Miedo

Esta mañana estaba a punto de levantarme cuando recibí un whatsapp:

XX.- “Si XY descubre el blog, le robaras de repente cinco años de vida… lo sabes ¿no?”

“XX” es alguien a quien conocí cuando trabajé en lo de las piedras de colores. El caso es que ya tenía alguna que otra idea para la entrada de hoy, pero con el intercambio de mensajes he llegado a la conclusión de que toca hablar del miedo. Y es que, o yo me lo invento, o en lo de las piedras de colores la gente siente miedo. A ver, que no es que no sepa que miedo también se pasa en otros trabajos ¿vale?, pero es que en esos casi como que te lo esperas: “… es que trabajo en el tren de la bruja”. Normal, oyes. Trabajo yo allí y es ver una escoba y tener que mudarme la ropa interior. Pero digo yo, que trabajar en un sitio donde no tienes nada más que hacer que ver como entran y como salen las piedras de colores da para vivir más relajadamente ¿no? Y diréis ¿pero miedo de qué? ¿se esconden detrás de las esquinas y te dan susto cuando pasas? Ya podían. Al margen del miedo que da ver que en lo de las piedras de colores trabajan algunos que no sirven ni para ir a ver si llueve, el miedo allí es cultural. Si no estuviera tan asumido y se hubiese incluido entre los valores de la empresa cuando se enunciaron, probablemente hubieran roto la pana renovando un reconocimiento. Ya lo estoy viendo: “… a ver, a ver ¿se tiene evidencia de actitudes y comportamientos coherentes con los valores corporativos de la empresa?… Muy bien, si señor, solo por esto os doy los 1000 puntacos. Ya pueden guardarse los calzoncillos. Y por favor… que alguien habrá una ventana.”.

Claro, diréis: no lo pillo ¿ya está? ¿donde se esconde el asesino? Es la gracia del asunto. En esa sala no está ni se le espera. Si tiras del hilo y hablas con los más viejos del lugar, puede que te cuenten que hubo uno tiempo atrás. Viva y bravo. Dejó un bonito legado. De ahí en adelante nos lo curramos nosotros. En las empresas, existe una inercia que conduce a que nos comportemos de manera que eso que es cotidiano continúe siéndolo sin cambiar. Sin tan siquiera reparar en ello. Esa es la cultura de la empresa. El de arriba contribuye de una manera y el de abajo de otra. Pensadlo bien.

¿Lo dejas aquí? ¿No nos vas a decir que tienes la solución para liberar a los que trabajan en lo de las piedras de colores de ese sufrimiento irracional? No, pequeños míos. Pero os puedo decir cuando pasará: cuando la historia del asesino que instauró un reinado de terror sea reescrita por un rey que instaure un reinado de amor.

La verdad, es que una vez que escribes sobre algo no parece que sea para tanto ¿por qué no pruebas? ¿o es que te da miedo?

Emprendiendo

¡Quieto todo el mundo! -léase como si lo estuvieras oyendo de boca del mismísimo Tejero-. A ver, lo digo para que me prestéis atención: que nadie se asuste. Este no va ser un blog dedicado a hacerme publicidad. Pero que emprenda, y como llegué a ello, tendrá que ver con cosas que iré contando. Ya iréis viendo la razón. La historia, en resumen, es como sigue: trabajaba. En un sitio. Y terminó mi contrato. Y había algunas personas que querían que volviese. Y lo plantean a cuento de “algo” que tenía relación con “algo” que había hecho.

XX.- “… pues eso, que malas noticias, que me dicen que nada de contratarte, pero que vengas a dar formación…”
Yo.- “… pero si ya la dí en su momento. Y los datos no están actualizados desde que me fui. Además dejé de desarrollarlo hace tiempo, está obsoleto. No es tan sencillo como para ¡hala!, ir, y dar clase. Os lo dejé allí ¿no? ¡Si es que no hay dinero por impartir formación que compense lo que supone darla!”
XX.- “… bueno, no me han dicho que se te fuese a pagar nada…”
Yo.- “…”
XX.- “… ¿Edu?”

No fui.

Creo que necesito escribir

A ver: escribir es algo que siempre he tenido pendiente. Pero no lo necesitaba. Y me da que tiene que ver con algo bastante simple: nunca he tenido nada que contar. Y eso que el dominio debe tener la friolera de diez añitos o más, que tampoco me apetece comprobarlo. Viene de un tiempo en que estaba estudiando y nadie tenía página Web. Escribí dos o tres artículos, incluí una página con el curriculum, un apartado de enlaces -para rellenar- y un formulario de contacto. Fue todo lo que hubo durante años. Hará ¿cinco? eliminé todo el contenido para instalar WordPress. Ha dormido el sueño de los justos hasta hoy. Al lío: me llamo Eduardo y tengo treinta nueve años. A partir de hoy, en este blog hablaré sobre las cosas que comprendí antes de llegar a cumplir los cuarenta.